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3% de Netflix: El dilema de los prisioneros

Series y películas / sin comentarios  / Lilí Lanz

Netflix ha abierto sus puertas a contenidos ideados fuera de la industria televisiva y cinematográfica hollywoodense. Y se agradece, sobre todo cuando esto significa una mayor representación latinoamericana en la televisión.  Recientemente hemos gozado de la primera y segunda temporada de la aclamada serie Narcos, elaborada en colaboración por una productora estadounidense y otra colombiana, y de Club de Cuervos, producida en México, por ejemplo. También acaba de salir al aire (o ¿al stream?, sepa) Call Me Francis, una serie de 4 mini-películas argentina, que habla sobre la trayectoria de Mario José Bergoglio, antes de convertirse en el Papa Francisco. Y ahora, Netflix nos trae 3%, la primera serie, ahora sí que 100%, brasileña y que, en mi opinión, se trata de una de las mejores series latinoamericanas en la oferta del video en streaming de hoy.

Los candidatos del Proceso.

Del creador Pedro Aguilera, 3% trata de una civilización distópica donde todos los habitantes que lleguen a la edad de 20 años deberán atravesar un “Proceso” donde solo aquellos que lo aprueban (o lo sobrevivan) tendrán el privilegio de vivir en el “Otro lado”. Solo el 3% de los candidatos llegan a ser miembros de la élite del Otro lado. Así, un mínimo porcentaje de personas de este universo vive dignamente, con la certeza de tener comida, agua y seguridad, en una tierra aislada que se infiere es una isla rodeada de mar; y el resto de la población vive en extrema pobreza, con todos los niños y jóvenes que no han atravesado el Proceso y con todos aquellos que han fracasado en el intento de aprobarlo y que están condenados a vivir ahí para siempre.

El Proceso es un concurso de selección donde a los candidatos se les aplican diversas pruebas características de la teoría de juegos. Ezequiel, el presidente de El Proceso, diseña diversos ejercicios similares al dilema del prisionero de Albert Tucker con el propósito de eliminar a los más candidatos posibles.

El dilema clásico del prisionero es el siguiente:

La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante un año por un cargo menor.

Así, en pruebas del estilo “dilema del prisionero”, la recompensa más justa se adquiere mediante la colaboración con los otros participantes, donde se gana un premio quizá menor, pero garantizado y compartido. Los participantes más egoístas afectarán más seriamente a sus contrincantes y podrían perder todo en una acción mal calculada, mientras que los participantes menos abusados sufrirán las mayores consecuencias al quedarse a la merced de las decisiones de los otros o al no atreverse a ganar el todo. En el mundo de 3%, los recursos están seriamente limitados. Hay poca comida, poca agua y escasísimo dinero, por lo que problemas elementales de moralidad y justicia social se convierten en encarnecidas luchas de sobrevivencia. Sin embargo, los concursantes saben que, en caso de ganar, tendrán que vivir en comunión y armonía con los sobrevivientes. El dilema del prisionero se convierte así en el dilema de los sobrevivientes, que no se saben prisioneros.

Lo que a mí me ha fascinado de la serie es su complejidad ideológica. La serie parece ser una crítica del capitalismo actual, donde la brecha de desigualdad económica y social es tan grande que el 10% de la población goza del 71% de la riqueza (como la CEPAL reporta que sucede en Latinoamérica). Y no voy a decir spoilers, pero la serie también ataca otro tema que parece ser la raíz del problema de la concentración de la riqueza y la desigualdad social, según nos lo ha ilustrado Thomas Piketty en su bestseller del 2015, El capital en el siglo XXI, y que hasta hace dos años había sido muy poco discutido en el área de la economía: el problema de la herencia.

Fuera de la profundidad de la trama de 3%, hay otro detalle que también me ha agradado, a decir verdad, y es que los actores en esta serie no son poco atractivos a la vista. Verlos en acción no hace nada de daño, vaya.

En serio, si andas buscando una serie para engranarte en estos días, te recomiendo que sigas 3% en Netflix. Una vez que comiences, no podrás dejarla.

Si tú ya la viste, ¡deja tus impresiones y teorías en los comentarios! La serie deja muchísimo de qué hablar y discutir. ¡Que la disfrutes!

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